Ante el recién llegado se alza un hombre alto que sostiene un pergamino: Cassius, guardián del registro oficial. Suyo es el Documento de Entrada — el pergamino donde quedan asentados el linaje, el porte y las señas particulares de todo el que cruza y, sobre todo, el nombre por el que será conocido. «Este nombre resonará por los reinos», le gusta decir al cerrar el registro.
El nombre hecho real
Cassius convierte al despertado anónimo en alguien con una identidad que los valles pueden reconocer. Sin su registro, ningún extraño cruza las murallas de Cripta. En un mundo donde todos llegan despojados de su pasado, el nombre volcado en ese pergamino suele ser lo primero que una persona posee de verdad — y Cassius trata su escritura con la gravedad de una coronación.
Es también Cassius quien advierte al recién llegado de una dura verdad de estas tierras: hay que elegir un bando. Sus palabras son la semilla del Juramento de Facción que vendrá después, la elección entre las Tres Fuerzas que moldeará todo lo que siga. Donde Sirius se asegura de que el cuerpo esté listo, Cassius se asegura de que el nombre quede escrito.
Lazos conocidos
- Sirius — el comandante que recibe a los despertados antes del registro
- El Documento de Entrada — el pergamino que custodia
- El Juramento de Facción — la elección de bandos que él anuncia
- Cripta — la ciudad cuya entrada autoriza
Misterios
Dónde aprendió Cassius el oficio de la escritura y los registros, y a quién responde exactamente dentro de la administración de Cripta, no se dice. Su propia historia — como la de todos — se disuelve en la atemporalidad de Vashrath. El hombre que escribe cada nombre que entra en el reino nunca ha tenido el suyo asentado en ninguna parte.
